México se vistió de revolución
- 21 sept 2018
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Actualizado: 22 sept 2018
Por Mathieu Branger
Última fiesta en el Palacio Nacional
El 15 de septiembre de 1910, la élite mexicana reunida con Porfirio Díaz y su esposa Carmen Romero Rubio, festejaba el Centenario de la Independencia en los salones del Palacio Nacional. Nadie imaginaba que la revolución se acercaba. Las mujeres elegantes ya habían abandonado el corsé y la silueta en S. Vestían vestidos largos, con un corte recto de estilo imperio que no marcaba la cintura y adornaban con anchos sombreros decorados con plumas. Toda esa moda se inspiraba en los modelos que desde París o Madrid publicaban las revistas. Para los hombres de la alta sociedad, la norma de vestimenta era el esmoquin, que se lucía con sombrero de copa, guantes, y bastón. Tampoco podía faltar el distintivo bigote rizado.
“Popular entre la tropa era Adelita”
En noviembre de 1910, Francisco I. Madero llamó a la insurrección contra el viejo presidente Díaz. Desde entonces y hasta 1917, México se vio sumido en el conflicto revolucionario, con la participación del pueblo, recordado popularmente con las figuras de Juan y la Adelita. Con su camisa y pantalón de manta, sus huaraches y su alto sombrero de paja, Juan representa al campesino mexicano pobre que se rebeló de manera espontánea y decidida.
Las mujeres también participaron en los combates, las soldaderas mexicanas, reconocibles por sus faldas largas, sus blusas con escarolas en los puños, el uso de paliacates, rebozos coloridos, y el cabello recogido en trenzas, jugaron un papel determinante, al ser además ayudantes, enfermeras o cocineras. La Adelita, inspirada posiblemente en Adela Velarde Pérez, quien estuvo presente al lado de los soldados de la División del Norte, es un ícono inconfundible de la Revolución Mexicana, con todo y su carrillera cruzándole el pecho.
Uniformes y Héroes
Con el lema “Tierra y Libertad”, Emiliano Zapata encabezó al Ejercito del Sur y pretendía ser la voz de los campesinos. Presumía siempre un enorme bigote, Zapata nunca abandonó su traje de charro, llevaba pantalón de caporal, chaquetilla, camisa blanca y un sombrero de ala ancha. Al contrario, Pancho Villa, el Centauro del Norte, jefe revolucionario, caudillo y bandolero, se distinguió por usar uniformes más modernos, cuidando siempre su imagen para las entrevistas. Sus seguidores más cercanos, los Dorados, se hicieron famosos por el brillo de los botones de sus chaquetas militares. Esos uniformes, pero sobre todo la vestimenta de los charros en armas y de las soldaderas, pasaron a ser íconos mexicanos, que con gusto recordamos en las Fiestas Patrias.

















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